Soy Nevenka – Los tentáculos del poder y su relación con el machismo institucional

El undécimo largometraje dirigido por Icíar Bollaín se estrenará en la cartelera española el 27 de septiembre, una semana después de su paso por la Sección Oficial del Festival de San Sebastián. Tras el éxito de público, crítica y premios cosechado con su anterior obra, «Maixabel», la directora madrileña ha elegido narrar los sucesos acaecidos a otra figura femenina española relativamente reciente para contar una historia que no merece ser olvidada.

Han transcurrido veintidós años desde que la justicia condenaba por acoso sexual por primera vez a un político español. Antes -y me temo que también después- de suceder este hecho, Nevenka Fernández, una joven gallega que, cuando todo comenzó, contaba con 24 años, padeció un auténtico calvario que empezó cuando inició la que podría haber sido una fulgurante carrera política como concejal de Hacienda en Ponferrada tras lograr un brillante expediente académico previo.

«Soy Nevenka» da comienzo justo en ese momento vital de la joven y dedica gran parte de su metraje a explicar la forma en que Ismael Álvarez, quien era alcalde de Ponferrada, la encatusa y abruma, dedicándole las mayores distinciones y halagos, para después no aceptar la negativa de Nevenka a zanjar la relación que habían estado manteniendo. La cinta, más adelante, se centra en su proceso psicológico, en la toma de decisión de denunciar el acoso sufrido y en la presión mediática y judicial a la que tuvo que hacer frente, la que a mi juicio resulta la parte más estimulante del filme, si bien también es la más corta.

Es éste el punto más flaco, en mi opinión, de la película. El hecho de que la parte judicial y mediática del caso, en la que se puede comprobar la misoginia institucionalizada en medios de comunicación -brillante la parte en que se muestra cómo Ana Rosa Quintana no ha cambiado tanto su forma de «presentar» en estos veinte años- y por parte de la propia población, se vea relegada a un escasísimo porcentaje del metraje de la cinta es una verdadera lástima. El filme gana peso e interés según transcurren los minutos y justo cuando resulta más estimulante se cierra apresuradamente.

Además da la sensación de que un personaje tan relevante como Nevenka Fernández, que a fin de cuentas es protagonista absoluta de la cinta, no está del todo bien dibujado. Cuando comienza la película apenas conocemos cuatro pinceladas de su pasado, se centra mucho la personalidad de la joven en su corta edad, sus ganas de demostrar su valía y sus humanas contradicciones emocionales, pero no se atisba más allá y por momentos, para tratarse del eje angular de la historia, Nevenka resulta una desconocida.

El guion resulta mucho más atinado, en cambio, cuando logra que el propio espectador sea consciente de que aunque todos los implicados conocen la forma de ser y actuar de Ismael, y es él quien debe ser juzgado por sus actos, el juicio popular -al principio de los propios compañeros, después de la sociedad en su conjunto o del fiscal del caso- siempre es hacia Nevenka, lo que prueba de manera muy gráfica el machismo imperante en la sociedad y cómo el poder se aprovecha de su posición para hacer uso de él y contar con todo tipo de apoyos.

Mireia Oriol da vida a Nevenka Fernández en lo que supone su salto a la primera plana como protagonista absoluta en una de las cintas más importantes del cine español de 2024. Su personaje es realmente complicado, requiere de una notable complejidad y la actriz catalana tiene momentos muy inspirados, pero en otros resulta cercana a cierta sobreactuación. No obstante, su interpretación será una revelación para gran parte del público, pero desafortunadamente en la carrera de premios tendrá que competir como actriz principal contra auténticos pesos pesados de la industria.

Quien podría tener más facilidad para lograr situarse en los premios del cine español de este año es Urko Olazabal, quien logra recrear a la perfección todas las capas de un personaje tan oscuro como aparentemente campechano. La gran duda radica en conocer si será propuesto como actor principal o secundario. Si se opta por la primera opción, se pueden colocar a otros actores en otras categorías, lo que otorga más «candidaturas» a la película, pero ninguna de ellas tendría opciones reales de nada, dado que los personajes secundarios -quizás a excepción de una prometedora Lucía Veiga, quien podría considerarse una revelación- están muy poco desarrollados en el guion. En ese caso, además, Urko podría optar a ser nominado en algunos premios pero probablemente no podría competir contra un Eduard Fernández que nos ha ofrecido un año descomunal a través de sus interpretaciones en «El 47» y «Marco». En cambio, si la productora se decidiese por considerar a Urko como actor de reparto, sería un firme candidato a lograr algún reconocimiento para la cinta.

La mejor cualidad que posee «Soy Nevenka» es su valentía. Pese al tiempo transcurrido desde los hechos relatados en el filme y a los mediáticos casos de acoso laboral que se han sucedido posteriormente, varios de los políticos retratados en la película, por la forma en que dieron la espalda a Nevenka en su momento, siguen trabajando actualmente en el mismo partido e incluso en la misma ciudad y Ponferrada no ha facilitado el acceso a la grabación en sus calles. Estas dificultades no han amilanado a Bollaín, que ha optado por continuar con su idea de película y rodar en Zamora.

Es una pena que la película peque de cierta sobriedad estilística y una corrección técnica en la que no logra sobresalir y que carezca de un guion más ambicioso, porque la historia que narra -y el arrojo que han tenido para llevarla a cabo pese a las dificultades- podría haber dado lugar a una obra mayor dentro de la colección de películas de Bollaín. Pese a ello, es lo suficientemente entretenida y cuenta un mensaje tan importante -que evidencia las miserias de nuestra sociedad– que gozará de los suficientes alicientes para resultar atractiva para el espectador medio.

Valoración:

Puntuación: 2.5 de 5.

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