
Seis años ha tardado Belén Funes en estrenar su segundo largometraje de ficción, tras el éxito crítico de «La hija de un ladrón», que le supuso ganar el Goya a la mejor dirección novel.
Este lapso de tiempo no ha sido en vano. Funes da un salto de gigante como directora en esta obra, a la que ya podemos considerar como una de las películas españolas más importantes del año.
«Los Tortuga» fue estrenada internacionalmente en el pasado Festival de Toronto y laureada en el Festival de Málaga, donde recibió tres premios más que justificados: el Gran Premio del Jurado, la mejor dirección y el mejor guion.
La cinta es un drama social completamente alejado de lo que estamos acostumbrados como espectadores en este género y es así por distintas causas, pero la principal es que la mirada de la directora es frente a frente, no proviene desde el paternalismo, la clasista condescendencia, ni la ignorancia del privilegiado que muchas veces cae en el tremendismo a la hora de retratar este tipo de problemáticas.

Funes sabe hablar de las dificultades económicas de una joven universitaria que quiere dedicarse a la comunicación audiovisual porque ella misma ha vivido poder estudiar gracias al sistema de becas. No es habitual que sea la clase trabajadora quien pueda contar los problemas reales de la clase trabajadora y esto es clave en la verdad que impera en la cinta desde su primer minuto de metraje.
«Los Tortuga» plantea muchos temas y transcurre por ellos con una naturalidad pasmosa, como la vida misma. Trata sobre el duelo, conyugal y paterno, y la dificultad para saber decir adiós a quien ha sido un pilar clave en tu vida y ahora ya no está, pero también habla nítidamente del exilio, de las diferencias entre la vida rural y la metropolitana -sin necesidad de idealizar ninguna de las dos- y narra las dificultades de una madre y su hija para lidiar con las complicaciones económicas que se ciernen sobre ellas y para mantenerse unidas ante esta situación y sus propias diferencias personales.

Las encargadas de dar vida a esa madre inmigrante chilena que intenta ganarse la vida como taxista y a esa hija que sueña con ser cineasta, a esas dos supervivientes del día a día, a esas personas absolutamente normales, con las que resulta muy fácil empatizar e identificarse, son dos actrices inconmensurables.
Lo de Antonia Zegers ya lo sabíamos: la hemos visto desplegar su talento interpretativo en papeles tan complejos como los realizados en «El club» o «El castigo». Es un animal escénico, dueña de una expresividad bestial y aquí se pone en la piel de una mujer que guarda su luto por dentro, pelea por el futuro de su hija e intenta salir adelante con fortaleza, fiereza y un derroche de carisma. Es una interpretación que debería ser tenida muy en cuenta en los próximos Goya y demás premios cinematográficos de la temporada española.
Elvira Lara, a su vez, es un descubrimiento. Sorprende el talento del equipo de casting para encontrar a esta chica por la calle y ofrecerle presentarse a las pruebas para hacer este personaje. Parece haber nacido para esto y, desde luego, le auguro un gran futuro. Es toda una revelación -y así deberían rubricarlo también los Goya- capaz de llevar a cabo un personaje sensible, luchador, inteligente y siempre creíble.

La película desprende auténtica magia en sus secuencias más naturalistas, las familiares rodadas en la zona rural jienense, pero es igualmente memorable en aquellas escenas que dejan patente la dureza e inhumanidad con la que una gran urbe como Barcelona trata a sus ciudadanos: la que sucede en un piso que visitan es terrorífica y a su vez, un acto de protesta ante lo que está ocurriendo con la vivienda que muy pocas veces vemos con tanto acierto en el cine, y la discusión en el taxi es también muy recordable.
«Los Tortuga» fue mi película preferida del pasado Festival de Málaga en un año con un nivel superlativo, en el que se estrenaron maravillas como «Sorda», «Muy lejos», «La furia», «Una quinta portuguesa» y obras tan estimables como «La buena letra», «Lo que queda de ti» o «Enemigos». Eso da buena cuenta de la calidad de una cinta que, por fin, llega a la cartelera española y cuyo visionado merece realmente la pena.
Valoración:
