
Estrenado en el Festival de Sundance en Enero de 2025, el tercer largometraje de la cineasta argentina Laura Casabé, ha pasado por varios de los eventos cinematográficos independientes más importantes del mundo -BAFICI y Sitges, incluidos- hasta aterrizar en la cartelera española el próximo 23 de enero, un año después de su presentación.

No hay nada más devastador para un/a adolescente que el desamor, sentirse no correspondido o comprobar que tu objeto (humano) de amor y deseo comienza a fijarse en otras personas. Si la persona que sufre ese desengaño amoroso tiene la capacidad de que su ira trascienda hacia la violencia paranormal, ya tenemos una historia. En 2017, el laureado director noruego Joachim Trier, causante de obras como «La peor persona del mundo» o «Valor sentimental», sorprendía con su ópera prima, una fantástica -en todas las acepciones del término- película, llamada «Thelma», en la que se adentraba en los sentimientos de una joven con poderes paranormales. «La virgen de la tosquera», basándose en los célebres -y tétricos- relatos de Mariana Enríquez, continúa esa senda con una protagonista que lleva su venganza por desamor más allá de los límites del raciocinio.

En la cinta argentina, tres chicas jóvenes claramente lideradas por la magnética Natalia -una estupenda Dolores Oliverio, que logra causar ese mismo efecto en el espectador, quien no puede despegar la mirada de la gran pantalla- viven con desazón un tórrido verano en el que aparece repentinamente una chica más mayor y moderna que seduce a su amigo de toda la vida, por el que todas suspiran pero que parecía adjudicado por decreto ley para nuestra protagonista. El pobre muchacho no tiene ni voz ni voto en todo este entuerto, pero tampoco es el adalid de la claridad y tontea con Natalia a la par que se deja caer en los brazos de la nueva integrante del grupo. Las jóvenes terminan por pedirle ayuda mágica -de la negativa- a la abuela de Natalia, una especie de bruja local, porque les han quitado «lo que es suyo».

Este relato ultra tóxico -y a su vez, muy adolescente- sobre la dependencia emocional y lo insano de no saber «dejar ir» se torna extremadamente violento por momentos, incluyendo una secuencia que recuerda al «Balearic» de Ion de Sosa, pero todo lo que tiene de cuestionable como trama, lo tiene de cinematográficamente atrapante y su visceralidad la convierte en una obra más memorable para el espectador. Además de las buenas interpretaciones del elenco juvenil -son tan creíbles las amigas inseguras de la protagonista, como el muchacho galán, como la joven insoportablemente moderna y vivida que aparece de repente- y de la abuela de la protagonista, la cinta destaca por su buena ambientación, con una lograda fotografía y banda sonora que en todo momento contribuyen al misterio y la tensión que se respira durante todo el metraje del filme.

El filme argentino puede resultar un tanto irregular en su afán por mezclar géneros pero siempre mantiene constante su aura perturbador, apoyado en la fascinante telegenia de Dolores Oliverio, lo que le convierte en una película interesante de ver para el espectador y en una de las obras del cine argentino más llamativas que llegarán a nuestro país durante este 2026.
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