El Club de los Incomprendidos – Las desventajas de ser un marginado

Enésimo intento de nuestro cine en adentrarse en un género que si bien ha funcionado en taquilla cuando el reclamo de sus populares actores ha sido suficiente para atraer al público más joven – Tres metros sobre el cielo, Tengo ganas de ti – no ha sucedido por igual cuando sus intérpretes son más desconocidos – Perdona si te llamo amor – y que en ningún caso hasta el momento ha contado con el beneplácito de la crítica especializada: las adaptaciones de novela juvenil romántica. En este caso, El club de los incomprendidos está basada en  Buenos días, Princesa y el resultado no es muy diferente de lo que hemos conocido con anterioridad.

Seis adolescentes – interpretados por actores no tan adolescentes… – completamente diferentes y con un rol muy determinado, como si se tratase de las Spice Girls, se ven obligados a conocerse y  pasan de odiarse a convertirse en mejores amigos y abandonar el estilo de vida y amistades que tenían hasta ese momento. Esto sucede en un período de tiempo ridículamente corto y, por explicitar un ejemplo, el protagonista masculino – un  Álex Maruny  que hará las delicias del público carpetero más por su físico que evoca a Gael García Bernal y a Christian Gálvez a la vez, que por su correcta interpretación –  se pelea con la protagonista femenina, Charlotte Vega, porque ésta ha tenido un altercado con su novia, para horas después recibir su petición de amistad en Facebook y al día siguiente ser inseparables y buscarla constantemente. Sí, es tan horrible como suena.

Cabe destacar que la aparición de Facebook, así como del Whatsapp durante la película es bastante gratuita y simplemente se trata de una excusa más para encuadrar la cinta en un momento concreto, el presente, en un intento de retratar la juventud española actual y su forma de relacionarse. Intento fallido en cuanto aparecen las taquillas en el instituto y las escapadas a lugares de ensueño o de imposible acceso para cualquier mortal, como suele suceder en productos de similar aspecto, que recrean una realidad distorsionada, fantasiosa y con aire norteamericano, soportando un absurdo complejo que además peca de poco original, al repetirse constantemente en otras series y películas juveniles patrias.

Así, la perdida, el chulo, el marginado, la fresca, la perfeccionista y la rarita – Ivana Vaquero, especialmente espeluznante – se embarcan en una supuesta amistad basada principalmente en que los dos más normales  se lían y el resto sigue marginado incluso dentro de un grupo de “incomprendidos”. El resto de subtramas protagonizadas por los demás actores son, directamente, un insulto a la inteligencia.

En resumidas cuentas, pocos atractivos pueden encontrarse en esta cinta pero siendo optimistas podemos ver El club de los incomprendidos como una oportunidad para algunos jóvenes actores de dejarse ver y poder optar a papeles de mayor enjundia en un futuro. Si lo logran, tal vez este despropósito haya valido la pena. Un poco.

Valoración: 3 / 10

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